
NOTA:SI NO TIENES MUCHAS GANAS DE LEER, Y QUIERES IR A LO INTERESANTE, VETE A LO QUE ESTÁ EN COLOR ROJO.
Bueno, amigos, aquí estoy de nuevo, intentando sacar adelante esto, buscando ideas sobre lo que escribir.
Lo cierto es que hoy no ha sido un día fuera de lo normal, con lo cual no tengo mucho de lo que escribir. Fui al Instituto (ya que la nieve lo permitió), volví y estudié un poco y aquí estoy ahora.
Se me ocurrió que ya que no he hecho nada más allá que fuera del Instituto, os podría contar lo más interesante que he aprendido hoy (si queréis os cuento como hacer combinaciones lineales de vectores o el enlace dipolo-dipolo, pero a mí me parece más interesante esto).
Lo escuché en la clase de Filosofía, una clase que, bueno, en un principio me gustó bastante, luego menos, y ahora que estamos dando la vida psíquica humana y eso me está volviendo a agradar.
Es bastante apasionante las posiciones que surgen en cuanto a la relación mente-cuerpo. Los
monistas opinan que mente y cuerpo son lo mismo, que el pensamiento no es más que el cerebro, que solo somos algo físico. Incluso hay una postura que defiende que no somos cuerpo, sino solo espíritu. Es decir, que seríamos todos
espíritus, fantasmas que vagamos por este mundo.
Yo me decanto más por la posición dualista: existe mente y cuerpo, cerebro y espíritu, alma o mente. Me parece más lógica. También me parece propia de un cristiano, que claro, es lo que soy. Pero aunque no lo fuera... ¿no os parece triste considerar que solo somos conexiones neuronales? Cuando estas mueran, se acabó todo. Qué se yo, prefiero la dualista, llamadme loco.
El caso es que llegamos a lo interesante. No sé si os sonará Sócrates. Sí, el griego ese. El que pensaba, sí. Pues resulta que el hombre era dualista, mira tú por donde. Ferviente dualista de hecho, según su discípulo Platón. Y a partir de esto, se nos ha contado en clase una historia que me gustaría compartir con vosotros.
Sócrates, condenado a muerte, (según he leído, por no aceptar los dioses atenienses y corromper los jóvenes), tuvo que tomar la cicuta, un poderoso veneno que comenzó a paralizarlo. Sus discípulos se encontraban allí, con él, en sus últimos momentos. Emocionados, comenzaron a llorar, a lo que protestó Sócrates, ya que, según él, ya se habían echado a las mujeres para que los dejaran filosofar a los hombres (tampoco se le puede reprochar mucho al hombre, en la Grecia antigua las ideas de igualdad no estaban muy arraigadas que digamos). El caso es que, agonizando, le dijo a uno de sus discípulos, ya paralizado en gran parte, que le debían un gallo a Asclepio.
No hará falta que te diga quien es Asclepio para los griegos o Esculapio para los romanos. Claro, el dios de la medicina. ¿Y lo del gallo? La ofrenda, querido/a lector. Cuando alguien sanaba, se le ofrecía un gallo como ofrenda. Sí, no me he equivocado.
Sócrates pidió un gallo como ofrenda por su muerte. Tan dualista era, que consideraba que por fin escapaba de la prisión del alma que es el cuerpo. Asclepio le había sanado de la enfermedad del cuerpo.
¿Interesante, no? Después de esto, que espero que hayáis leído, me gustaría que dejaseis algún comentario, sobre vuestra posición, lo más interesante o si creeis que me tenéis que decir algo.
No hay mucho más que decir, pues entre otras cosas no creo que nadie lo haya leído, pero bueno.
Hasta entonces, seguiré la pista de historias interesantes y os las traeré. O lo intentaré.